Por Natalia Molozaj
Editora General natalia@elguardarropas.com¿Cuál es la vara que mide lo que es bello y lo que no? ¿Qué jurado de notables es el que establece quién puede subir a una pasarela o quién puede protagonizar una producción de fotos? La respuesta depende sólo de nosotros.
La moda es uno de los elementos sociales más antiguos de la humanidad. Desde la prehistoria, el hombre recurrió a las pieles de los animales como abrigo para tener una mejor calidad de vida. Ese es, quizás, el origen más antiguo de la relación entre el hombre y la vestimenta. Relación que evolucionó y acompañó las diferentes etapas de nuestra historia.
La moda es superficial, sin lugar a dudas. Pero también es parte de nuestra vida cotidiana. De cómo nos presentamos ante el mundo. Puede revelar a qué grupo pertenecemos o si somos parte de alguna tribu urbana. Habla de nosotros. De nuestro estado de ánimo. De nuestras rebeldías y nuestras costumbres. Y es justamente eso lo que la hace importante.
Las tendencias las construimos entre todos. Somos nosotros, los consumidores de moda, quienes elegimos qué comprar y qué no. Los que decidimos qué diseñador es digno de admirar. Los que nos deslumbramos ante un vestido de Carolina Herrera o aplaudimos de pie a la revolucionaria Coco Chanel.
Por eso, desde
El Guardarropas.com decidimos poner nuestro grano de arena en este enorme mundo de la moda.
Hacemos un magazine online para todas las mujeres y hombres que disfrutan del universo fashion. Miramos moda. Y compramos moda. ¿Por qué, entonces, no tener una referencia más real?
Así nació “
Real Fashion”, moda real para una belleza real. Mujeres como vos o como yo que aman estar a la moda. Que miran una producción de fotos esperanzadas de encontrar esa prenda especial en la que van a invertir esta temporada. Que buscan verse identificadas, no discriminadas.
Dove fue una de las primeras marcas que se animó a cruzar la barrera de lo que “estéticamente” estaba autorizado a mostrarse en una campaña. Cambió a las altas y delgadísimas modelos por mujeres reales. El mercado y los consumidores festejaron su valentía.
Además, como compromiso con este debate social y este nuevo concepto de belleza, la marca creó una Fundación para la Autoestima cuyo objetivo es ampliar el concepto de belleza y financiar programas que ayuden a mejorar la autoestima de niñas y mujeres de todo el mundo.
Otras marcas también sumaron esfuerzos a favor de esta lucha. Hace algunos años la modelo inglesa Sophie Dhal demostró que con unos kilos de más también se puede hacer carrera en el mundo de las top. Fue la niña mimada de los mejores diseñadores y Tom Ford la desnudó para la campaña de un perfume de Saint Laurent.
Crystal Renn, otra chica XL, logró caminar sobre la pasarela de Jean Paul Gaultier, fue la imagen de Dolce & Gabbana y apareció varias veces en la revista Vogue.
En septiembre pasado, sin ir más lejos, el mundo entero habló de la tapa de la revista estadounidense "Glamour". La editorial decidió publicar la foto de una modelo con pancita. Lejos de escandalizarse, las lectoras escribieron miles de mails de agradecimiento. Decían que por primera vez podían sentirse identificadas con alguien real.
En Argentina el camino por recorrer es aún más largo. El peso y las modelos siguen siendo un tema escandaloso y un ejemplo casi asesino para las adolescentes. Para tener una mínima noción de lo que estamos planteando, los argentinos son los que consumen la dosis diaria más alta de medicamentos para adelgazar en todo el mundo, según el Informe Mundial de Drogas del año pasado.
Nuestro país también tiene un alto nivel de casos de bulimia y anorexia, entre otros trastornos alimentarios.
El concepto estético nacional es muy rígido. Las modelos son hiper delgadas, al punto que el año pasado Florencia Torrente, la hija de Araceli González, denunció que no la dejaron participar en un desfile de ropas porque “supuestamente” estaba excedida de peso.
En el 2006, el diseñador Jorge Ibáñez decidió pesar a todas las modelos que iban a desfilar para él, les midió la masa corporal y las hizo hablar con nutricionistas. Algunos aplaudieron su iniciativa por entender que era una manera de promover salud. Otros lo tildaron de oportunista y discriminador.
Todos ellos, desde su pequeño mundo, buscaron replantear los parámetros impuestos por esta sociedad ultra exigente. Y ese, es también ahora nuestro objetivo. Nuestra principal bandera. Porque no todas somos tan altas. Ni todas tenemos un cuerpo perfecto. Pero de algo estamos segura:
Todas amamos a la moda.