Por Nara Yoli
Periodista y conductora de radio y TVEs el mes de la mujer. Eso dice por ahí la tinta de mucha publicación. Eso dicen para que nos regalemos cosas bellas y está bien. Dennos un mes que nosotras sabemos dar Vida.
Escribo como extensión de mi parloteo incesante desde que en primer grado aprendí a hacerlo.
Soy Nara, pase los 30 sin la crisis tan mentada, y me encanta celebrar que 3 décadas atrás las gametas cantaron bis, y me toco XX y nací niña en la época en que la ecografía no te avisaba.
Invitada desde este portal que te invita a mimarte y a reconciliarte con la femineidad tantas veces vapuleada, me tenté con la idea de ser parte de un mimo a mis compañeras de género.
Sabemos que la que se para frente a SU GUARDARROPAS es una mujer que ama, sueña, proyecta, desea, anhela…a veces vestida como de tapa, otras sin más abrigo que la piel. Para esa mujer, para la absoluta, un regalo, un homenaje tejido de palabras:
REINVINDICACION FEMENINA Ahhh. La publicidad, el cine. No, no, señores guionistas, no somos así… No llamamos a un señor (musculoso dibujado por las mentes frustradas de algún hombre que creyó que haciendo bíceps se conquistaba un alma XX) cuando no sabemos cómo limpiar la cocina, lo hacemos solitas, mientras hablamos con nuestra mejor amiga sosteniendo el teléfono con el hombro ganándonos una contractura pero escuchando a una hermana elegida.
No, no creemos que para conquistar a un solterón empedernido tengamos que ser Julia Roberts y ser meretrices bellas e indefensas que buscan quién las rescate. Cuando nos topamos con un ejemplar así, entre preparar un final, aprender a hacer brownie y organizar una fiesta sorpresa para alguien que sí sabe amar, le dejamos claro, con una oración y sin taco aguja, que con nosotras, no, no se juega.
Entendimos hace rato, que para el gato y al ratón están Tom y Jerry. Lo hacen genial. El amor, es otra cosa…
No necesitamos escaparnos al shopping para alejarnos de la caverna y su habitante macho. No vivimos adentro de un zapato que sale cuatro sueldos y sabemos organizar economía de guerra con la sonrisa inalterable de los momentos de derroche, que, créannos, están muy bien calculados.
No asesinamos tarjetas de crédito masculinas. Hace más de 60 años que votamos, tenemos varias premios Nobel, centenares de cineastas, poetizas, escritoras y sí, tenemos tarjetas propias. Si no, pagamos en efectivo.
Cuando sonreímos mientras limpiamos un mueble no es por el nuevo aroma lavanda. Es porque sabemos cómo, y vivimos haciendo más de una cosa a la vez. Pensar cosas bellas, tararear una que sepamos todos mientras hacemos quehaceres es lo que inspira tanta parafernalia publicitaria en torno a la limpieza. Y es la manera que encontramos de volver cada momento puro disfrute.
No somos histéricas, no lloramos por cualquier cosa, pero no tememos hacerlo por aquello que sí vale unas buenas lágrimas. Sólo usamos la excusa de “que nos está por venir” cuando necesitamos estallar de veras, y así, mientras ustedes, no menstruantes, se creen el género elegido, nosotras limpiamos el ropero de broncas contenidas para que el amor, sobreviva.
No gritamos por gusto, si lo hacemos es por placer. Sabemos escuchar más de lo que creen, si hablamos es porque queremos que nos escuchen, y si es incesante es porque amamos verles la cara intentando contestar.
Tenemos excelente memoria, hay más colores en nuestra retina que el rosa, no creamos el peluche, no necesitamos que nos hablen como nenas, ni que nos den títulos nobiliarios,
no somos Reinas ni Princesas. Trátennos, como MUJERES.
No es detrás de un gran hombre. Es al lado. Ni adelante, ni de lejos, ni por encima como etéreas e inalcanzables. Tan de carne y hueso y a la vez mágicas. Por eso, nos encanta volarles la cabeza, dejarles el cuerpo en la tierra y el cerebro por las nubes. Un poco de vuelo y otro de pies firmes. No avisamos cómo ni cuándo porque amamos la sorpresas. Así somos.
Pero está bien guionistas, sigan pintándonos de otra manera. Así, fuera del set, en la maravillosa vida real, los dejamos como mas nos gusta verlos:
CON LA BOCA ABIERTA.
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