El movimiento cargado de belleza inspira el verano 2012 de Carolina Muller. Un postulado que funciona como disparador de piezas claves como los vestidos que resaltan la femeneidad.
Los años ´70, leit motiv de la diseñadora, se evidencian como un original homenaje a mujeres icónicas. Aquellas como Loulou de la Falaise en el podio, excesiva sin jamás cometer excesos, vital, hedonista,única, y todas aquellas que con su fantasía han atravesado los veranos de la década desde Buzios a Punta del Este pasando por Saint Tropez. Veranos que apelan a libertades de todo rango y de posibilidades de expresar esa energía en la manera de vestir.
La colección de Muller traduce la generosidad en muchos metros de géneros exquisitos: gasas, muselinas, devoré de seda natural que envuelven el cuerpo con ligereza generando un sutil volúmen además de gabardinas con seda y crepes. Los recursos constructivos son atemporales: volados, alforzas, lazos, pliegues y vivos al bies.
Sus piezas fetiche: túnicas (un clásico de todas las temporadas), vestidos ultra femeninos, blusas con manga extra-large, faldas, y pantalones de morfología innovadora, híbridos sensuales.
Se destaca una suave paleta de nude, camel, blanco, crudo, negro, naranja, obispo y verde esmeralda, paleta vigorosa y a la vez eterna.
La consigna de Carolina Müller es vivir la moda con fantasía, con arte y brindarse el lujo de la belleza.