El equipo italiano de las próximas Olimpiadas estará vestido, durante las ceremonias oficiales, por la marca Giorgio Armani a través EA 7, la línea sportwear de la marca Emporio Armani.
Así se confirmó en los últimos días, lo que demuestra una nueva apuesta del diseñador por el mundo deportivo.
En estos días, también se conoció en nuestro país otra novedad de la marca relacionada con el deporte: un nuevo episodio de la saga ARMANI CODE, Code Sport, ambientado en el perturbador claroscuro de la noche de Los Ángeles.
En la campaña, la seducción flirtea con el peligro de perder el control a causa de un juego ardiente y sensual, personificado por una fragancia que ofrece contrastes inesperados. El frescor de una piscina iluminada únicamente por la luz de la luna, el calor de unos cuerpos expectantes... Un juego de poder al que le tienta perder, aunque sea tan sólo por un instante. El poder de un cuerpo. El deporte como código de seducción.
El hombre Code se ha ganado su lugar en el panteón aromático de los grandes seductores. Con Code Sport se muestra todo sin parecer nunca vulnerable, tal es la perfección de su cuerpo, que es una auténtica arma. Le permite ser seducido sin perder su propio poder. Y perder el control durante un instante, para recuperarlo después con más fuerza.
El deporte como rito de seducción: una visión de Giorgio Arman que Jacques Cavallier ha traducido en una fragancia.
La menta aporta su aroma explosivo en una sorprendente e inusual nota de salida. La menta verde, la hierbabuena y la menta salvaje crean un bouquet inesperado cuyo increíble frescor proporciona un efecto sensacional. El perfumista necesitó un año de trabajo para combinar estas tres variedades y crear una nota cuyo carácter se vea reforzado por las intrínsecas diferencias entre sus ingredientes. La mandarina siciliana añade una brisa italiana a una fragancia cosmopolita.
El corazón de la fragancia revela el poder seductor de Code Sport, presentado por frutas cítricas. Con la mayor concentración jamás utilizada en perfumería, ambrox, la traducción olfativa absoluta del deseo físico se lleva al punto de ebullición con una mezcla de vetiver y jengibre, una alianza de sofisticación y sensualidad. Como una crujiente capa de hielo invernal, subraya estos contrastes y prolonga el diálogo entre el hielo crujiente y el aliento sensual, aportando a la fragancia una vida casi ilimitada.
Esta arquitectura de los sentidos disfruta del respaldo tecnológico de las nuevas técnicas de extracción molecular y extracción por CO2, permitiendo aislar mejor las moléculas aromáticas.
El encuentro continúa en un juego peligroso de rasgos adictivos en el que el deseo de dejarse llevar contrasta con el de querer ganar. En una moderna mansión de vidrio con vistas a la ciudad, una mujer se despierta con el sonido de un chapoteo. El cuerpo de un hombre se desliza por el agua de una piscina a oscuras. Sus músculos se tensan y se relajan.
Protegida de la noche con una sábana de seda, la mujer le observa como un depredador fascinado. Su torso emerge. La inevitable confrontación de dos cuerpos se siente en el aire. El contraste entre el frescor del agua y la suavidad de un cálido cuerpo. Un empate. El juego continúa en otro lugar mientras la pareja desaparece. Sólo queda la ciudad, como testigo ciego con sus luces parpadeantes.
Posee un frasco de alta tecnología, infinitamente masculino, es una invitación a meterlo en la bolsa de viaje y llevarlo a todas partes. Una variación del frasco de Code, que se ha convertido en un clásico y en uno de los símbolos que más identifican a las fragancias Giorgio Armani, siendo también la traducción visual de su fragancia.
El efecto metalizado de la tapa rompe el negro mate del frasco y el logotipo rojo. El suave acabado es como la piel que calidece al contacto con la mano. Totalmente opaco, el frasco guarda la fragancia como un secreto impenetrable.